lunes, 6 de febrero de 2017

Velocidad y descontrol



Como cada fin de semana la iba a volver a ver y con tan  solo pensar en ella no podía ni dormir, el corazón se me aceleraba por minutos y al llegar el momento de verla todo era tranquilidad. Al empezar el camino todo era genial, un camino de rosas se podría decir, pero a lo largo de este la cosa se iba complicando ya que había muchas subidas, bajadas, senderos escarpados… cuando dije de frenar,  ya no era capaz de dirigir el  mando , en un abrir y cerrar de ojos todo se volvió oscuro, sucio y ella quedo hecha una amasijo de hierros.  

María Ariza Ríos  

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