Como cada fin de semana
la iba a volver a ver y con tan solo
pensar en ella no podía ni dormir, el corazón se me aceleraba por minutos y al
llegar el momento de verla todo era tranquilidad. Al empezar el camino todo era
genial, un camino de rosas se podría decir, pero a lo largo de este la cosa se
iba complicando ya que había muchas subidas, bajadas, senderos escarpados… cuando
dije de frenar, ya no era capaz de
dirigir el mando , en un abrir y cerrar
de ojos todo se volvió oscuro, sucio y ella quedo hecha una amasijo de hierros.
María Ariza Ríos
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